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PACIENTES GANADORES DEL CONCURSO DE CUENTOS

El pasado 10 de septiembre tuvo lugar la seleccion de los mejores cuentos realizados por nuestros pacientes, cuya tematica era "EL OTOÑO".

HAN SIDO DOS LOS CUENTOS GANADORES:

CUENTO 1:

 "EL ORGULLO DE LA ROSA"

Era principios del verano. El campo se cubría de amarillo, blancos y lilas, lleno de margaritas. A la orilla del camino salió una sola rosa roja, solo una, altiva y vanidosa, pues solo estaba ella, entre tantas margaritas. Las veía vulgares y su soberbia dañaba la humildad de las margaritas que le decían que era muy hermosa, pero no podía tratarlas con desprecio.

La rosa se vanagloriaba de sus hermosos pétalos tan especiales, de su agradable aroma y de que era una reina entre las demás flores.

Cuando estaba el campo en su máximo esplendor, por el camino pasó un carruaje, eran una gran dama y un apuesto caballero. Disfrutaban del hermoso día, de pronto, la dama pidió al cochero que se detuviera, se quedó mirando el bonito paisaje y le pidió al caballero que le cogiera flores. El caballero estuvo observando las flores que habían al margen del camino y tras dudarlo, al final cogió la esplendorosa rosa, que se despedía gritando a las margaritas: ¿Veis como yo soy la más hermosa? ¿Veis cómo me ha elegido a mí? El caballero subió al carruaje y prosiguieron su camino. Cuando llegaron a su gran mansión, la dama cogió a la rosa y la puso en un florero con agua.

 Al tiempo ya llegaba el otoño y la rosa murió marchitándose. Sin embargo las margaritas, dejaron sus semillas, y a la primavera siguiente, volvieron a salir infinidad de preciosas margaritas y por el contrario no salió ni una sola rosa.

No hay que herir los sentimientos de los demás, porque nunca sabemos lo que nos deparará el futuro. Así que es mejor vivir una vida con humildad y no ser vanidosa.

Juan Carlos

CUENTO 2:

 "EL NACIMIENTO DE CASIMIRO"

 

Era una mañana de otoño cuando Clotilda puso cuatro huevos en su nido en lo alto de un pino situado en el centro de Granada. Ella estaba preocupada, ya que hacía mucho viento y no había situado el nido en buen lugar, ya que estaba al filo de la rama.

De repente empezaron a romperse los cascarones, aunque hubo un problema. Uno de ellos no se rompía. Salieron de los cuatro huevos tres polluelos: Nino, Pericles y Manda. Así fue como su madre los llamó.

Ella estaba esperando a que el otro polluelo tuviera la suficiente fuerza para romper el cascarón, pero no lo conseguía. Los polluelos fueron creciendo, hasta que un día, ya era hora de abandonar el nido. Clotilda, aunque era muy improbable, nunca perdería la esperanza de que el pequeño Casimiro saliera del cascarón. Hasta el día que sus hermanos tenían que abandonar el nido, hizo el último esfuerzo lo rompió y vio la luz.

Clotilda tenía una gran felicidad y a la vez un gran dilema, cuidar del pequeño Casimiro o irse con sus otros hijos. Después de meditarlo mucho, tomó la difícil decisión de dejar ahí a Casimiro.

Casimiro se quedó solo en el nido, abandonado, y sin comida, pero cosas de la vida, era época de podar los árboles, y tuvo la gran suerte de que el muchacho, al que llamaban Juanito, encontró el nido.

Juanito decidió cuidarlo, y quería llevárselo a su casa, pero Casimiro dijo que no, que él esperaría a su madre el tiempo que hiciera falta en el nido.

Entonces Juanito lo que hizo fue llevarle comida y agua todos los días para que Casimiro se hiciera grande y fuerte.

Eso sucedió durante una semana, pero a Juanito lo trasladaron y se tuvo que ir. Antes de irse le dijo a Casimiro que se fuera con él. Pero él nunca perdía la esperanza de que su madre volviera y le dijo que él se quedaba en su nido. Que su madre lo había hecho para él y que no lo abandonaría. Así que Casimiro se quedó solo otra vez.

Clotilda por haber dejado a su pequeño abandonado, estaba angustiada. Una noche decidió volver a su nido, aunque pensaba que Casimiro ya no estaría ahí. De vuelta iba llorando por lo que había hecho. Y su mayor de las sorpresas fue cuando llegó de noche al nido allí estaba. Su pequeño Casimiro durmiendo. Llena de felicidad y alegría solo podía contemplarlo mientras dormía y se tiró toda la noche mirándolo y acurrucándolo.

Y entonces llegó el amanecer. Era un día soleado y precioso, cuando Casimiro abrió los ojos y vio a su madre. Fue una alegría que por mucho que imaginemos nunca podríamos imaginar. Allí estaba su madre junto a él, no habría cosa en el mundo que más quisiera Casimiro y su madre. Los dos acurrucados en el nido, “juntos”, llenos de amor y felicidad. 

Aunque la vida es muy dura, siendo fuerte y creyendo en uno mismo. La vida siempre te brinda una segunda oportunidad.

Luis Francisco

 

 

 

 

PACIENTES GANADORES DEL CONCURSO DE CUENTOS

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